El primer encuentro entre Elliot Tupac y el colectivo 12NA tuvo lugar en el contexto de la Sesión Tropical realizada en la población Emilio Gidi, en Linares. Aquel evento —organizado para recaudar fondos para el encuentro de muralismo sudamericano Sudaca Tropical, gestionado por WTZ y su equipo— fue el punto de partida de una colaboración que seguiría creciendo.
Durante su paso por Linares, Docena desarrolló el Festibarrial en la población Yerbas Buenas, integrando artistas locales al proceso creativo del afiche del evento y a la ejecución de murales en vivo. La jornada se transformó en una celebración colectiva con música, color y prácticas culturales compartidas.
Fue en ese marco que se extendió la invitación a Elliot Tupac para formar parte del programa de residencia en Atalaya432, en Valparaíso, con el fin de conocer más profundamente el trabajo de Docena en torno al reciclaje textil, el arte gráfico y la producción cultural de base.
Durante su estadía, Elliot fue parte de una rutina que fusionaba vida y taller, pensamiento y acción. La disposición espacial de Atalaya y su atmósfera decorativa y afectiva fomentaron un entorno de experimentación, diálogo y creación colaborativa. La residencia incluyó visitas clave, como la realizada al estudio de Luzie Type, especializada en diseño tipográfico, y sesiones de planificación y organización de proyectos junto a Andrés Arjona, que ofrecieron herramientas aplicables a futuras experiencias profesionales.
El núcleo creativo de la residencia fue la ilustración de frases nacidas del taller “Mujeres que dicen”, facilitado por 12NA en la Casa Estudio Chaminade. Con ese material se proyectaba regresar a Linares para su integración en talleres textiles y otras acciones territoriales.
Entre las frases ilustradas, “Somos fuego” se convirtió en un emblema visual del movimiento feminista, cargado de potencia gráfica y simbólica. Otra frase trabajada fue “Atrévete a sentir, a romper las cadenas”, elegida por su potencia emocional y su llamado al empoderamiento colectivo.
La pieza gráfica “Somos fuego” fue llevada al soporte textil gracias a la colaboración con Laru Pizarro, especialista en serigrafía, quien acompañó el proceso de impresión en camisetas. Estas prendas, luego intervenidas en un taller de serigrafía y reciclaje textil en la Casa Chaminade, fueron transformadas en morrales, expandiendo así su función y su mensaje.
La residencia de Elliot Tupac en Atalaya no solo dejó una huella en lo gráfico, sino también en lo humano. El cruce con Docena y con lxs participantes fortaleció una red afectiva y profesional, y potenció nuevas motivaciones para seguir explorando la gráfica como herramienta política, pedagógica y poética.









