Durante una semana y media de inmersión total en el taller de Docena, la diseñadora Natalia Cerda ha transitado una experiencia de profunda productividad creativa. En ese breve pero intenso periodo, desarrolló las bases para dos nuevas líneas de indumentaria que nacen del cruce entre identidad local, oficio textil y exploración personal.
Su primer foco ha sido la creación de logotipos emblemáticos de Valparaíso, que serán aplicados a poleras mediante estampado. Estas gráficas, desarrolladas completamente en diseño digital, buscan capturar y resignificar la iconografía popular de la ciudad en piezas cotidianas. Aunque concebidos para poleras, los logos podrían migrar a otras prendas en futuras cápsulas.
La segunda línea toma como inspiración la fauna local, con ilustraciones que Natalia dibuja a mano antes de vectorizarlas. Estos motivos serán bordados en chaquetas, incorporando una sensibilidad artesanal al proceso. Esta vuelta al dibujo ha significado para ella no solo un ejercicio técnico, sino también un reencuentro íntimo con una práctica que había dejado en pausa.
En paralelo al desarrollo visual, la residencia ha sido un espacio de aprendizaje colaborativo. Acompañada por Mechi y Marian, Natalia ha ido involucrándose cada vez más con la dimensión del oficio de la confección, que la motiva profundamente y que espera seguir explorando durante una extensión de su residencia.
El proceso no sólo ha catalizado ideas, sino también deseos: mudarse a Valparaíso por una temporada es hoy una posibilidad latente. La experiencia en Docena no solo ha fortalecido su trabajo como diseñadora, sino también su conexión con el entorno, la comunidad creativa y una forma de vida más en sintonía con sus búsquedas personales y profesionales.
Desde Docena, celebramos el impulso, la dedicación y la mirada única de Natalia, que sigue bordando su camino con hilos de diseño, memoria y afecto.








