En colaboración con Marshall-Becerra, fuimos parte de una experiencia visual que cruza danza, fotografía y gesto textil. Desde Docena asumimos la dirección artística y el diseño de vestuario, con la intención de vestir no solo cuerpos, sino también atmósferas: construir desde lo material una poética que respire en cada encuadre.
El proyecto fue capturado por el ojo sensible de B. Welsh, cuya dirección de fotografía amplificó cada movimiento con luz y textura. El maquillaje, a cargo de Carolina Lazo, sostuvo con precisión la emocionalidad de cada escena, completando la piel del relato.
La coreografía encarnada por María José Seibald tejió un ritmo entre lo íntimo y lo ceremonial. Su cuerpo no solo interpretó, sino que narró. A ella se sumaron las modelos Cecilia Checa y Camila Cisterna, quienes encarnaron con elegancia y profundidad las capas simbólicas que propusimos desde la indumentaria.
Agradecemos profundamente el apoyo de Híbrida Joyería Textil, cómplices en esta búsqueda de nuevos lenguajes para vestir lo invisible.
Este proyecto fue un ejercicio de escucha, detalle y colectividad. Un ensayo visual sobre cómo lo textil también puede hablar en silencio. Desde Docena, agradecemos haber sido parte de esta sinfonía de gestos.

