Las Hermanas Dacal en Atalaya432 – Entre mapas textiles y residuos globales

El mercado de ropa usada genera US$ 4.300 millones anuales, plagado de desperdicio y problemas ambientales.

Durante su residencia en Atalaya432, las hermanas Dacal se sumergieron en una investigación profunda sobre los circuitos globales de la ropa usada. Lo que comenzó como una pregunta sobre los materiales disponibles en Valparaíso, pronto se transformó en una exploración crítica sobre las trayectorias invisibles de las prendas: ropa que viaja más que las personas que la fabrican.

La pesquisa reveló un dato inquietante: gran parte de la ropa donada en los países del norte global regresa como desecho a los territorios del sur donde fue originalmente confeccionada. En los últimos treinta años, el consumo de ropa se ha cuadruplicado, generando un volumen de descarte insostenible. Hoy, apenas un 10% de la ropa en el mundo se reutiliza, mientras que lo demás termina en vertederos, incinerado o abandonado, sin cerrar nunca el ciclo.

Chile, particularmente, se ha convertido en uno de los principales destinos de este flujo: el segundo mayor importador de ropa usada desde EE.UU., con cerca de 8.000 toneladas anuales. El 60% de esa ropa acaba quemada en basurales ilegales en el desierto de Atacama, generando un daño ambiental brutal.

Con esta información como telón de fondo, las Dacal orientaron su trabajo hacia la creación de mapas narrativos textiles, interviniendo prendas descartadas con bordados, textos e ilustraciones que relatan estos flujos silenciosos. Desde una sensibilidad política y estética, propusieron darle voz a las prendas: que cuenten de dónde vienen, qué cuerpos vistieron, qué sistemas sostienen.

La residencia fue también un espacio de pregunta abierta: ¿cómo pueden lxs diseñadores y recicladorxs textiles acceder de forma justa a la materia prima? ¿Qué nuevos modelos de circulación pueden imaginarse? ¿Cómo sostener una práctica que sea, a la vez, creativa, crítica y transformadora?

Desde Docena, celebramos la mirada aguda de las hermanas Dacal, su ternura radical y su decisión de bordar sobre lo estructural. Porque en cada hilo recuperado hay una historia que merece ser contada, y en cada prenda olvidada, una posibilidad de reparación simbólica.

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