La Micro 12 no es solo un bus. Es un gesto. Una cápsula de memoria, resistencia y reinvención sobre ruedas. Nació como una vieja micro de la línea 705, esa que subía del Plan de Valparaíso hasta el Alto de Playa Ancha, y que por años cargó cuerpos, historias y paisajes.
Cuando la encontramos, estaba abandonada, oxidada, olvidada por la ciudad. Decidimos recuperarla. No como objeto, sino como símbolo. Desde Docena, la transformamos en un taller móvil de suprareciclaje, formación y cultura textil. Su primer viaje fue con Proyecto Puente, nuestro programa para mujeres migrantes, donde se convirtió en aula, refugio, espacio para aprender, resistir y tejer juntas.
La Micro 12 fue creciendo con nosotres. Recorrió calles de Santiago, se estacionó en ferias, activaciones y talleres comunitarios. Durante nuestra residencia en el Museo Violeta Parra, se convirtió en un espacio creativo vivo, donde el textil y la memoria dialogaron día tras día. Y en el Paris Parade 2024, se vistió de océano, con una obra textil colectiva que denunció la contaminación y la urgencia de repensar la moda desde la tierra y el agua.
Todo esto fue posible gracias a un tejido de personas que pusieron manos, ideas y afectos: desde quienes trabajaron en la mecánica hasta quienes diseñaron cada fragmento textil. Transformar un bus abandonado en un taller rodante fue un acto colectivo de amor, técnica y convicción.
Hoy, la Micro 12 sigue su ruta. No solo lleva costuras, lleva preguntas. Lleva un modo de estar en el mundo, de construir comunidad, de mover lo textil más allá del objeto. Que siga rodando. Que nos siga encontrando.

