En el marco del Proyecto Puente, desde Docena activamos un espacio de formación que fue mucho más que capacitación técnica. Fue un ejercicio de escucha y encuentro. Un tejido colectivo de memorias, habilidades y afectos, donde un grupo de mujeres migrantes —provenientes de distintos territorios del mundo— se reunió para aprender, crear y transformar desde lo textil.
Diseñamos y facilitamos talleres de suprareciclaje no solo como herramienta técnica, sino como lenguaje para nombrar lo que a veces no tiene palabras. Para nosotres, el textil es un puente: entre culturas, entre vivencias, entre lo que fuimos y lo que podemos llegar a ser. El foco estuvo siempre puesto en la integración real, entendida como un encuentro horizontal entre historias que merecen ser contadas y celebradas.
Este proyecto se enmarca en un esfuerzo mayor por apoyar los procesos migratorios desde la dignidad, la autonomía y la potencia creativa. Las mujeres que participaron no solo aprendieron técnicas; también construyeron red, sostén y visibilidad. Sus voces nos recordaron que la resiliencia no es un concepto, es una práctica diaria tejida con fuerza y ternura.
Cerramos este ciclo con una charla íntima en la que algunas de ellas compartieron sus experiencias, desafíos y conquistas con una honestidad que nos dejó sin palabras. También estrenamos un mini documental que recoge este proceso en primera persona, mostrando lo que a veces no se ve: las luchas silenciosas, los logros cotidianos, la transformación profunda.
A continuación, pueden ver algunos de esos testimonios. Porque en Docena creemos que cada historia compartida es una forma de abrir camino. Y que cada prenda transformada lleva también una revolución.







