Desde Docena, entendemos el textil como un lenguaje que cruza geografías, cuerpos y memorias. Es desde esa premisa que nace Camino en Costura, nuestra Residencia de Arte Colaborativo en la Isla Santa María, un territorio insular entre Puerto Norte y Puerto Sur, donde las mareas marcan el ritmo y las costumbres se tejen con manos sabias y memorias largas.
Esta residencia no busca enseñar ni instalar prácticas externas. Al contrario, parte de la escucha, del compartir cotidiano, del gesto humilde de quien llega y se sienta a bordar con otres. Durante tres meses, activamos un proceso colaborativo que se enreda con las tramas locales, poniendo el trabajo textil y el reciclaje como puentes posibles entre las comunidades del norte y del sur de la isla.
Camino en Costura no persigue la producción de objetos estéticos. Busca provocar preguntas, conexiones, desplazamientos. Porque para nosotres el arte no es un producto, sino una forma de estar con. Una metodología de lo sensible que puede abrir caminos nuevos hacia la colaboración, la reparación y el reencuentro entre sectores que históricamente han vivido fragmentados.
Esta residencia propone un entramado de relaciones, un tejido colectivo entre lo artístico, lo pedagógico, lo político y lo afectivo. Cada puntada, cada conversación, cada reunión se convierte en parte de una práctica que entiende la cultura como fuerza vital para el sostenimiento de los territorios.
En la Isla Santa María, Camino en Costura se instaló como una excusa para volver a mirar los materiales que ya existen —las ropas viejas, las redes, los saberes— y redescubrir en ellos una posibilidad de futuro. Una costura que no cose solo tela, sino vínculos, memoria y deseo.
Porque creemos que allí donde hay territorio, hay cultura viva. Y donde hay cultura viva, el arte colaborativo puede ayudar a reimaginar lo posible.




